El Bien Común es el conjunto de condiciones, de variado orden, que favorecen y permiten el desarrollo integral de todos y cada uno de los miembros de la comunidad.

La Doctrina Social Cristiana sostiene que el bien común, es el fin de la sociedad y del Estado, y tiene la justicia social como instrumento para alcanzarlo; y precisa que se deben crear las condiciones y el ambiente, para que cada ser humano pueda desarrollarse en el orden familiar, cultural, social, político y económico.

El bien común es público, no privado; es social, no individual; es universal, no particular; es común a todos los hombres, no es propio de grupos minoritarios.

Por tal razón, el bien común debe considerar también las costumbres, las tradiciones, las religiones, la idiosincrasia, el patrimonio artístico y científico, la historia, los idiomas y también las diversas expresiones de cada uno de los pueblos originarios de nuestra América.

A su vez, en la política implica el justo uso y ejercicio de las instituciones del Estado, la libertad de expresión, los recursos naturales, la infraestructura, las actividades económicas y productivas, la vigencia de los deberes cívicos y democráticos, la legislación y el respeto a los derechos humanos, entre otros.

Aunque necesariamente incompletas, las anteriores afirmaciones nos permiten ver que el bien común debe darse en cada una de las áreas de la convivencia humana y es la proyección de todas las dimensiones de la persona en la vida social.

“El bien común es la convivencia de la vida humana de la multitud de personas; su comunicación es el bien vivir. Es, pues, común al todo y a las partes sobre las cuales se difunde y que con él pueden beneficiarse.” (Jacques Maritain)

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