La calidad de la persona -ser sujeto de deberes y derechos- debe ser entendida en toda su dimensión. La persona es un ser único e irrepetible, de naturaleza espiritual, dotado de libre albedrío y voluntad, por lo tanto en su carácter libre, espiritual, racional y social se fundamenta la dignidad de la persona. Por ello los valores relacionados con la existencia y dignidad de las personas predominan sobre cualquier otro.

“Cada uno de los seres humanos es y debe ser… el sujeto de todas las instituciones en la que se expresa y se actúa en la vida social”. (Juan XXIII, Encíclica Madre y Maestra.)

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