“Entonces los cristianos trabajarían en la sustitución del régimen inhumano que agoniza a nuestra vista, por un nuevo régimen de civilización que se caracterizase por un humanismo integral y que para ellos representaría una nueva cristiandad, no ya sacra, sino profana.”

“El hombre del humanismo cristiano sabe que la obra común debe tender, sobre todo, a mejorar la vida humana misma, a hacer posible que todos vivan en la tierra como hombres libres y gocen de los frutos de la cultura y del espíritu”.

“El hombre del humanismo cristiano no busca una civilización meramente industrial, sino una civilización íntegramente humana”. (Jacques Maritain, ‘Humanismo Integral’, 1936).

Su objetivo final es facilitar el desarrollo pleno de la persona en sus comunidades. De acuerdo a esa fórmula (que Mounier llamó “Personalismo Comunitario”), nos distanciamos de los individualistas (que se olvidan de la dimensión comunitaria) y de los colectivistas (que suprimen la libertad de la persona por la “razón de Estado”); aspirando al desarrollo de una “comunidad de hombres libres”.

“Una civilización personalista es una civilización cuyas estructuras y espíritu está orientadas a la realización como persona de cada uno de los individuos que la componen. Las colectividades naturales son reconocidas en ella en su realidad y en su finalidad propia, distinta de la simple suma de los intereses individuales y superior a los intereses del individuo considerado materialmente. Sin embargo, tienen como fin último el poner a cada persona en estado de poder vivir como persona, es decir, de poder acceder al máximo de iniciativa, de responsabilidad, de vida espiritual” (E. Mounier, 1936)

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