La función del Estado es servir a todos los habitantes. En base a ello, propugnamos un estado social y democrático de derecho. El Estado está sometido a derecho, que tanto gobernantes como gobernados deben acatar actuando dentro del marco de la Constitución y las leyes, las cuáles se han de generar como expresión auténtica de la voluntad popular.

Para los demócratacristianos el Estado tiene que sujetarse en su labor, a dos principios complementarios:

El principio de la solidaridad que obliga al Estado a concurrir en ayuda de aquellas personas que transitoriamente o permanentemente se encuentran impedidos de satisfacer las necesidades que la sociedad toda ha entendido como vitales.

El principio de la subsidiaridad, que obliga al Estado a intervenir en los diversos planos toda vez que sea necesario porque la sociedad civil, a través de sus numerosos componentes, se resta a tal acción.

“Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como de la “subjetividad” de la sociedad mediante la creación de estructuras participativas y de corresponsabilidad”. (Juan Pablo II, 1991).

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