Aspiramos a un grado superior de sociedad: a la construcción de una comunidad, donde la persona y las familias se vinculen de forma más integral y participativa, de tal manera que se refuercen los naturales lazos solidarios que han distinguido a las culturas humanas a lo largo de la historia.

Por naturaleza el hombre es un ser social, busca vivir en sociedad con otras personas y alcanzar el pleno desarrollo de su personalidad. El papel de cada persona es irremplazable.

El primer núcleo es la familia, asociación primaria y punto de partida para la vida social. La familia fundada sobre el matrimonio contraído libremente, es y debe ser considerada como el núcleo primario y natural de la sociedad.

El Estado debe fortalecer a la familia, atendiendo sus problemas y procurándoles oportunidades en condiciones de equidad, tomando en cuenta la formación y el cuidado de los hijos, las cargas familiares, la protección durante el embarazo, así como mejorando la compaginación entre la familia y la profesión, de tal forma que el mundo laboral responda también a las necesidades del mundo familiar.

Para lograr la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales, la persona humana practica la tendencia de asociación, para así poder superar las dificultades que pueden presentarse al hombre individual y aislado. Así el hombre busca otro tipo de asociación con fines económicos, políticos, sociales, deportivos, religiosos, profesionales.

“Cuando proponemos construir una sociedad comunitaria estamos centrando el problema en la cualidad de la relación asociativa que pretendemos lograr: lo central es lograr la relación comunitaria, la cual se caracteriza sobre el modelo de los lazos en una comunidad por una unión fraternal, de cooperación leal y solidaridad verdadera, en busca del Bien Común. Ahora bien, esto no se da porque nosotros lo deseemos. Hay que construirlo. Y hay que construirlo a partir de situaciones en que estamos, situaciones donde hay comunidades, pero en las que predominan lazos entre los hombres que están mucho más sobre el modelo del “doy para que me den”, de la lucha y la confrontación, que no sobre el modelo de entregarse al servicio de los otros y de lograr hacer prevalecer el compartir sobre el competir” (E. Pérez Olivares).

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