Todas las personas son iguales, con los mismos derechos, deberes y, por tanto, dignas de tener las mismas oportunidades.

En base a este principio son inadmisibles los criterios de diferenciación originados en los algunas culturas, como pueden ser el injusto concepto peyorativo que afecta a los derechos de la mujer como persona y como ciudadana; el racismo que aún desprecia a ciertas minorías étnicas y sectores marginales; el poco respeto a la posición de los jóvenes; la impertinencia frente a los discapacitados, el abandono de los hombres y mujeres de la tercera edad, todas estas son fórmulas y prácticas se oponen a los conceptos humanistas de igualdad.

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