De los valores del Humanismo Cristiano se desprende el papel de los cristianos en la política:

El cristiano está obligado a dar testimonio. La acción pública es un deber consustancial. Su obligación primaria es la búsqueda del bien común a través de la solidaridad.

“El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época. No se creen, por consiguiente, oposiciones artificiales entre las ocupaciones profesionales y sociales, por una parte, y la vida religiosa por otra. El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prójimo, falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su salvación eterna” (Gaudium et Spes, Concilio Vaticano II)

El testimonio público del cristiano… que se entrega al ministerio politico, debe necesariamente oponerse a toda forma de autoritarismo, de dominación del hombre por el hombre; significa enfrentarse a una cultura instalada en la mera materialidad: comporta apostar por la libertad profunda de cada ser humano; obliga, en definitiva, a rebelarse contra la corrupción, pero no sólo la que sucumbe al disfrute de signos de riqueza, sino contra la corrupción profunda que denota la deslealtad a los propios valores.

Una política de Inspiración cristiana supone la adhesión a una filosofía del mundo y de la sociedad (el Humanismo Integral) compartida por cristianos y no cristianos

“Se trata de una actividad política que, a la vez que política, sea de ‘inspiración cristiana’ y esté ordenada hacia un ideal temporal cristiano. Esta actividad política, no requiere la actuación de todos los cristianos, ni sólo de los cristianos; sino la de aquellos cristianos que profesan una cierta filosofía del mundo, de la sociedad y de la historia moderna, y de aquellos no cristianos que, de una manera más o menos completa, reconocen el acierto de esa filosofía”.

“Es natural que en el terreno de la acción, esos hombres constituyan formaciones políticas autónomas. Esto, evidentemente, no significa que se nieguen por principio, salvo casos excepcionales, a cooperar con el régimen establecido, o a celebrar acuerdos con otras formaciones políticas y colaborar con ellas”. (Jacques Maritain, ‘Humanismo Integral’, 1936).

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