Una sociedad humana

La dignidad de la persona humana, el bien común, la solidaridad y la subsidiariedad son valores que encuentran su expresión en la vida social y que buscamos difundir en todo el Continente.

Nuestra acción política debe enfocarse de tal manera que logremos que en América se viva la justicia social, la igualdad de oportunidades, el acceso a los derechos sociales y culturales (entre ellos, la salud, la educación y la previsión social) y una justa distribución del ingreso.

Que se garanticen a su vez, las condiciones para el desarrollo integral de la persona humana y se superen los diferentes tipos de exclusión social y discriminación que lamentablemente persisten. Creemos que esta guía axiológica nos lleva a la reconciliación, a superar el egoísmo, la pobreza y la violencia.

Pugnamos por fomentar el espíritu altruista y solidario de las personas con los más necesitados, además de las acciones que deben ser emprendidas por los gobiernos para enfrentar la pobreza y toda forma de marginación.

Especial atención nos merece la creación de esquemas de seguridad pública democráticos y transparentes, ajenos a prácticas de control social o espionaje político.

Reconocemos la gran variedad de opiniones e intereses que existen en la sociedad. Por ello proponemos crear espacios de convivencia democrática en los cuales esta diversidad coexista armónicamente; las organizaciones políticas dialoguen; los derechos a la expresión se respeten; y la tolerancia y el respeto al otro sean una norma básica.

“La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social”. (Gaudium et Spes, Concilio Vaticano II, 1965).

“Buscamos proponer a todos los hombres un humanismo a la altura del designio de amor de Dios sobre la historia, un humanismo integral y solidario, que pueda animar un nuevo orden social, económico y político, fundado sobre la dignidad y la libertad de toda persona humana, que se actúa en la paz, la justicia y la solidaridad. Este humanismo podrá ser realizado si cada hombre y mujer y sus comunidades saben cultivar en sí mismos las virtudes morales y sociales y difundirlas en la sociedad, «de forma que se conviertan verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad con el auxilio necesario de la divina gracia». (Un Humanismo integral y Solidario, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 2004)

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here